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Riesgo pais y el costo de refinamiento


Riesgo pais y el costo de refinamiento

Por_:Aurelio Concheso
        @aconcheso

La reciente compra a precio de remate por parte de Goldman Sachs de 2.800 millones de dólares de bonos de Pdvsa 2014 (con cupón de 6% anual) y que dormían el sueño de los justos en la cartera de inversiones del Banco Central de Venezuela, pone de relieve el severo problema de administración de deuda externa que tiene el gobierno venezolano. Ese problema puede resumirse en dos palabras: riesgo país. En efecto, los mercados internacionales tienen formas de medir esa variable y lo hacen, entre otras cosas, a través del Índice EMBI de J.P. Morgan.

El riesgo país, en términos sencillos, le expresa al inversionista cuánto más riesgoso que los bonos del Tesoro Norteamericano, pueden ser los que emiten países considerados emergentes, como México, Brasil, Colombia, Rusia, y, por supuesto, Venezuela. El riesgo se mide en algo llamado “puntos básicos”. Cada 100 puntos son un uno por ciento de rendimiento anual. Así, por ejemplo, unos bonos en pesos colombianos deben tener un rendimiento de 4.15% en este momento, partiendo del riesgo país colombiano de 200 puntos básicos y el rendimiento de los bonos del tesoro, que es hoy de 2.15%.

¿Y cuál es el riesgo país venezolano? Hubo un tiempo en que era comparable -y hasta mejor- que el de sus vecinos. Pero a medida que comenzaron a tener su efecto ciertas acciones de administración de deuda externa insensatas, como la iniciada por el profesor Jorge Giordani de emitir deuda en dólares para apuntalar tasas de cambio sobrevaluadas que le permitían esconderle al Titán los resultados inflacionarios de sus políticas, ese riesgo comenzó a subir.

Con la caída del precio del petróleo y el empecinamiento de los responsables de la política económica de mantener cambios diferenciales insensatos e insostenibles, ese riesgo aceleró su crecimiento. Y hoy se encuentra por encima de la astronómica cifra de 3.500 puntos básicos. Eso quiere decir, amigo lector y oyente, que si el gobierno pretende refinanciar cualquiera de las deudas que se le van venciendo-como normalmente hacen los países en sus programas de administración de deuda externa- tendría que pagar la astronómica cifra de 35 más 2.15, es decir, por encima de 37% de tasa de interés anual, para que alguien se interese en comprar esos títulos.

Goldman Sachs compró los títulos con vencimiento en 2022, y a un 70% de descuento, en 865 millones de dólares. Eso se traduce en un rendimiento efectivo sobre los mismos a su vencimiento de 38% anual, por lo que gran parte de la alharaca que se ha armado alrededor de la operación, desvía la atención del verdadero pecado original o falla de origen de la operación. Ese no es otro que el hecho de que esos bonos estaban en la cartera del BCV y que, para los fines de las cuentas nacionales consolidadas, su costo neto era cero.

Una vez que esos bonos salen a circulación en el mercado, se ha incrementado la deuda externa con terceros al total del valor, es decir, 2.800 millones de dólares más los intereses de cuatro años. En efecto, se ha producido un nuevo financiamiento, pero con una exorbitante tasa del 38%, que es a la que los mercados están dispuestos a adquirir deuda venezolana, como lo hacen a diario en el mercado secundario.

Como todos los países, la Nación y Pdvsa tienen una serie de vencimientos anuales de su deuda. Ellos refinancian el total, o parte del capital, y pagan intereses. Al tener que ofrecer rendimientos tan altos, Venezuela termina teniendo que pagar la totalidad del capital.

Los intentos de esconderle la realidad a los venezolanos y a los tenedores de bonos, terminan en fiascos, como el reciente ejercicio medianamente fallido de refinanciar los Pdvsa 2016 y 2017, incrementando el desprestigio y más bien aumentando la percepción de riesgo.

La forma obvia de salir de esa ratonera es reduciendo esa percepción negativa que mantiene las tasas en la estratósfera. ¿Cómo lograrlo? Técnicamente sencillo, pero no así políticamente. Porque lo que se requiere, es una política económica sensata y creíble, precedida de una reforma monetaria. En otras palabras, planteándose exactamente todo lo contrario de lo que se ha venido haciendo.

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