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Cuando la muerte ya no nos persiga


Cuando la muerte ya no nos persiga

Mi padre solía decir que todo tiene solución, menos la muerte.

La muerte parece haberse ensañado con Venezuela. Esa imagen de un fantasma abismal con una guadaña en la mano nos espanta cada vez que abrimos los ojos.

Si no supimos conmovernos con cada uno de los 25.000 muertos por año que dejaba la delincuencia, ahora nos muerde el corazón cada vez que un manifestante cae en el asfalto. Un niño menos.

Esta es la hora en la que los que tienen miedo piensan y pesan cada una de las palabras que salen de su boca. No los juzgo. La muerte se enseñorea en Miraflores, hizo de esa casa su bastión y los que no hemos caído parecemos unos muertos vivientes buscando comida y medicinas. Pero a los que pensamos distinto nos persiguen desde hace más de 17 años.



Muerte significa chavismo, chavismo significa muerte. Lo supe desde 1992 cuando salieron a matar; cuando escuché aquella bala que pasó muy cerca de mi oído el 27 de noviembre de ese fatídico año. Lo supe cuando escuché el discurso del finado, su cara, su gestualidad. Lo supe y lo dije.

Chavismo significa niños con hambre, no ahora, no 2017. Los mismos niños que recibieron a Chávez y que ahora siguen deambulando por las calles. No tenían futuro entonces y ahora no tienen vida. Chavismo significa una estocada a la conciencia, a la tolerancia, al sosiego, a la vitalidad.

Todo tiene solución, mija, menos la muerte.

Y siento igual que cada una de esas madres que despiden a su niño con una letanía para que se cuide, sea prudente, mire por encima del hombro, no se distraiga. La mamá de Fabián.

El chavismo ha querido arrancarnos el corazón, pero tenemos un corazón más fuerte porque lo mueve la juventud. No es el corazón cansado de una secta que quiso robar y arrasar con todo a su paso guiada por el odio y el rencor.

Tenemos sangre nueva, Venezuela ha parido hijos valientes, no hace siglos, ahora. Venezuela se resiste a morir.

Los chavistas siguen siendo el mismo grupito que confabuló en 1992, movidos por la avaricia, por el resentimiento social, por el odio y por la envidia. Pero Venezuela sigue siendo una mujer bella, fuerte, valiente, decidida. Está dejando una crisálida, está volviendo a nacer.

Por eso me permito soñar con ese día cuando la muerte ya no nos persiga.

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