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Sangre y fuego


Sangre y fuego

¿Son totalmente confiables las experticias del Gobierno sobre las muertes en las manifestaciones? Desde luego que no.

Por: Francisco Olivares
        @folivares10

Ya son varios los casos en que el Gobierno intenta distorsionar las causas de las muertes de manifestantes y evadir la responsabilidad que tiene en la violación de Derechos Humanos, uso de armas de fuego en manifestaciones, disparos a quemarropa, disparos de bombas lacrimógenas directamente sobre el cuerpo de los manifestantes y hasta arrollamientos, agresiones y allanamientos a viviendas.

El caso del joven Lander es uno más que entra dentro de esa categoría. Ya se habían producidos casos en que los cuerpos de seguridad, inmediatamente de que alguien resulta muerto por la violencia, toman de inmediato el centro de salud y se llevan el cuerpo de la víctima. De allí en adelante todo queda en manos del propio Gobierno.

Pero más allá de estas consideraciones observamos un Gobierno que hace tiempo perdió los escrúpulos, barrió las instituciones y se ha propuesto aplicar, a sangre y fuego, un modelo de régimen similar al cubano en el que desaparecerán las elecciones directas y en donde sólo el chavismo dominará todas las instancias del poder.

La violenta represión que ya lleva 66 víctimas y la escalada en las acciones de la GNB, PNB y colectivos, ya abiertamente, sin ocultar o tratar de cubrir la apariencia de legalidad institucional, indica que el chavismo, o más bien debería calificarse como “madurismo”, ha escogido una vía extrema para imponer su ideología a la cual se opone 80% de los venezolanos.

El drama al que estamos expuestos los venezolanos es que ese camino está llevando al país a la ruina económica y tarde o temprano ésta comenzará a afectar, incluso, a los que, desde sus funciones en el Gobierno, han tenido acceso a privilegios como compra de vivienda, automóviles, acceso a dólares y sienten el deber de lealtad hacia la autocracia.

Por su parte la cúpula que ya tiene cuentas bancarias congeladas en paraísos financieros y temen perder sus inversiones en Estados Unidos, Europa y Asia, está consciente que un exilio no es opción segura, pues el seguimiento del dinero corrupto llega hasta esos bienes y al final su actuación los puede poner tras las rejas en cualquier momento.

De allí que la salida de la cúpula oficialista es el todo o nada. No hay posibilidades de diálogo o de negociación en esta etapa del conflicto. Pero el chavismo no es solo la cúpula privilegiada. Dentro del chavismo, dentro de la FAN, puede surgir  una corriente sensata que comprenda que la destrucción del país sería su propia destrucción.

El conflicto ya no solo está solo en la clase media sino que gradualmente se ha ido desplazando hacia zonas populares y rurales en diversas regiones del país. Ya no es solamente una lucha de frente solo contra la violación permanente de la Constitución bolivariana, sino por supervivencia ante la imposibilidad de acceder a alimentos.


Los jóvenes que están al frente de las protestas ven perdido el futuro y por eso salen y exponen la vida frente a un enemigo armado y con órdenes específicas de reprimir. Sienten que no tienen ya nada que perder.

Igualmente los productores del campo se han incorporado a las protestas al no ver posibilidades de desarrollo frente a la falta de insumos, las constantes inspecciones, las confiscaciones y las amenazas de ser revocadas las cartas agrarias si no se alinean al Gobierno.

Al deterioro estructural del país se ha agregado el ético, el moral e institucional. La extorsión y el robo de los cuerpos de seguridad en todo el territorio ya es masivo y no hay manera de hacer una gestión, atravesar una frontera, o movilizar una mercancía, sino se le paga una buena cantidad a quienes deberían resguardar y proteger a la ciudadanía.

De allí pues que hay dos países en pugna. Uno minoritario, que tiene el poder de las armas y las instituciones; y hay otro mayoritario pero desarmado que expone su vida por recobrar la democracia y reconstruir al país para la paz, la diversidad y el progreso.

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