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La Iglesia no está dispuesta a hacerle el “milagro” a Nicolás Maduro


La Iglesia no está dispuesta a hacerle el “milagro” a Nicolás Maduro

El presidente de la Conferencia Episcopal de Venezuela dio a conocer en Caraota Digital la posición institucional sobre el origen que tendría la propuesta de cambios al máximo texto legal: “Tener una nueva constitución es mera iniciativa presidencial y no iniciativa popular”. Además de mostrar su oposición, la Iglesia analiza desde Roma el desafuero que vive el país presidido por Nicolás Maduro…

Antes de emprender su viaje al Vaticano, para su encuentro en la Santa Sede con el papa Francisco, monseñor Diego Padrón, presidente de la Conferencia Episcopal de Venezuela (CEV), refrendó para Caraota Digital su rechazo a la propuesta constituyentista impulsada por el alto gobierno.

Con esto echó por tierra cualquier duda que haya generado el presidente venezolano sobre su esperanza de recibir, como lo solicitó, un “milagro” del alto prelado criollo.

La Iglesia no está dispuesta a hacerle el “milagro” a Nicolás Maduro

“El pueblo venezolano lo que necesita es comida, medicina, seguridad, paz y elecciones justas”
El desencuentro entre ambas instituciones no es el primero que se ha producido a lo largo de los años. Resulta de hecho otra manifestación de una relación compleja que, en casi dos décadas, ha exhibido el talante del diálogo sin diplomacia establecido por la cúpula de la Revolución Bolivariana con la principal expresión religiosa del país.

La misma Iglesia, que ahora se levanta en contra de la imposición de una nueva constitución porque excluye la demanda del pueblo como principal requisito, tuvo palabras de rebote hacia lo que Hugo Chávez, entonces presidente, proponía en 2010 bajo la nominación de Estado Socialista.

De ambos episodios –ayer el de Chávez, hoy el de Maduro– la interpretación de la Iglesia es una: Se busca la implantación de un Estado comunal de origen cubano. Es decir, una forma de gobierno diferente de la vocación democrática del ciudadano venezolano instaurada en 1958 tras el derrocamiento del general Marcos Pérez Jiménez.

Se acerca, según dicen los críticos del gobierno, al comunismo de los también dictadores Fidel Castro, ya fallecido, y de Raúl Castro, su hermano sucesor.

Un rosario de ofensas contra los católicos

Más bajos que altos han caracterizado la relación entre los embajadores de Jesucristo y una Revolución llamada Bolivariana que ascendió al poder en las elecciones de diciembre de 1998.


Desde aquel año, Chávez, cuyo verbo ardía cada vez que mencionaba el nombre de algún representante religioso, calificó a los sacerdotes como “demonios con sotanas”. En otra ocasión los definió como “cavernícolas”. Y en una de sus tantas apariciones en cadena televisiva expuso que el catolicismo era un “cáncer para la sociedad”.

Tan célebre como amarga resultó para los feligreses la expresión del mandatario cuando satirizó el deceso del arzobispo de Caracas, Ignacio Velasco, ocurrido en julio de 2003: “Nos vemos en el infierno”.

Venezuela recuerda que advocaciones marianas como las vírgenes de Coromoto, Rosario, Santa Lucía y la Divina Pastora aparecieron manchadas con pintura roja, el color con el que se distingue al gobierno. Era el país de 2011. Había pasado lo mismo en 2008, pero en la Nicaragua de Daniel Ortega, un amigo ideológico de Chávez.

En el quiebre de signos religiosos, los iconoclastas criollos tuvieron una seguidilla. Los venezolanos no olvidan, por ejemplo, cuando una estatua del siervo de Dios, José Gregorio Hernández –el médico de los pobres– fue decapitada en el estado Yaracuy. No pocos se apresuraron a asegurar que se trataba de una reacción derivada de los ataques presidenciales a la Iglesia.

Pero, hoy como en el pasado, la institución cristiana ha hecho gala de su vocación anfitriona. Quedó demostrada cuando el ministro de Educación Elías Jaua, presidente de la Comisión Presidencial de la Asamblea Nacional Constituyente, solicitara una reunión en la sede de la CEV, que se produjo el 19 de mayo. El objetivo sería explicar, según esclarece monseñor Padrón, los alcances de la nueva constitución propugnada por el Ejecutivo Nacional y sus poderes aliados.

La Iglesia no está dispuesta a hacerle el “milagro” a Nicolás Maduro

Monseñor Diego Padrón, presidente de la CEV, recibió al comisionado del gobierno Elías Jaua el 19 de mayo
Cambiar la mejor constitución del mundo…

A la muerte de Chávez, quien presumió públicamente de haber sido monaguillo en la Barinas de su niñez, lo sucede en el gobierno Nicolás Maduro. La relación con el sector eclesiástico tampoco se hizo cercana.

A propósito de su interés por ganar afectos a su propuesta de constituyente, Maduro celebró el encuentro con la CEV diciendo: “Es la única forma de saber qué piensan. Es la única forma de revivir la bendición, de rezar juntos y de reencontrarnos en Dios”.

Pero, ¿realmente el clero en Venezuela ha dado la bendición a las palabras de Nicolás Maduro? Monseñor Diego Padrón abre esta vez una oportunidad de diálogo con Caraota Digital y puntualiza, entre otros aspectos, que la Iglesia “no ha buscado beneficios de este acercamiento con los gobernantes”.

“Aceptamos recibirlos a solicitud de ellos”, despeja dudas el máximo representante del catolicismo venezolano: “Ellos lo pidieron y lo aceptamos sobre el principio fundamental de que en esta casa recibimos a todos con mucho gusto. Recuerda que nosotros fuimos invitados a Miraflores y dijimos que no participaríamos”.

En esa oportunidad, la negativa de la Iglesia quedó explicada, pero ahora lo reafirma: “Porque consideramos que la constituyente es innecesaria, no responde a lo que el pueblo necesita”.

Caraota Digital resume en el siguiente video el contexto en el cual Nicolás Maduro ha hecho la convocatoria de una nueva constitución


¿Qué le aclaró el comisionado Elías Jaua a la Iglesia?

“Nada. Prácticamente, nada, porque no discutimos la constituyente. Ese no fue el motivo de discusión. Ellos vinieron a hacernos una presentación global, sin consideraciones extras y yo les dije que no íbamos a discutir la parte jurídica de la Constitución. ¿Por qué? Por lo que ya te he explicado, que no responde a las expectativas del pueblo”.

Monseñor Padrón ratifica, como la había suscrito en un comunicado de la CEV a principio de mayo, que la propuesta de “tener una nueva constitución es mera iniciativa presidencial y no iniciativa popular”.

En definitiva, la Iglesia venezolana, con una cantidad de fieles que representan la casi totalidad de la población del país, considera innecesaria la Asamblea Nacional Constituyente: “Siendo considerada la mejor del mundo, la Constitución, que tiene apenas 18 años, no necesita ser cambiada. Y si lo necesitara, que como es lógico a veces podría requerirse una adaptación para el momento actual, entonces para eso estarían las enmiendas constitucionales”.

Lo que ha llamado la atención a los sacerdotes es que quiera modificarse un texto que era expuesto como una bandera de avanzada, la constitución más completa en el mundo.

La Iglesia no está dispuesta a hacerle el “milagro” a Nicolás Maduro


La iglesia ha mantenido su posición de rechazo a cualquier forma de gobierno que no sea democrática
“Bueno, eso no lo decimos nosotros. Esa ha sido la propaganda del gobierno durante años”, acentúa el alto prelado: “El difunto Hugo Chávez lo hacía y ciertamente yo no niego que desde el punto de vista social haya suscrito una serie de derechos que en otras constituciones no están contemplados. Desde el plano social hay avance, eso nadie lo duda. Pero, si la constitución venezolana es la mejor elaborada del mundo cómo se va a a cambiar sin consultarle al pueblo”.

¿Cuáles serían esos avances sociales que usted alude?

“Yo no voy a entrar en materia política. La Iglesia cree que el pueblo venezolano lo que necesita es comida, medicina, seguridad, paz y elecciones justas y no una constituyente. Eso lo reafirmamos”.

“El pueblo es el que puede convocar porque es en el pueblo donde reside la soberanía, de modo que no puede ser marginado. Sin pueblo no se hace esta actividad, hacerla sin los ciudadanos sería en sí misma una negación”.

No obstante su carácter aparentemente apacible, con disposición al humor, el presidente de la CEV ataja el exhorto a definir si la Iglesia confía en el árbitro electoral como garante de un resultado justo: “Su pregunta es materia de carácter político”, reprocha.

Lo que no es de naturaleza política es que la Iglesia ha dicho que para producirse un diálogo entre gobierno y oposición resulta imprescindible superar la mutua desconfianza. ¿Es que acaso la Iglesia tiene mutua confianza?

“Ese tampoco es problema de la Iglesia. No nos pronunciamos sobre la mutua confianza. Lo que planteamos es que para que yo pueda llegar a un resultado favorable yo debo confiar en quien está frente a mí. Si yo digo que sí pero desconfío, nunca vamos a llegar a un resultado efectivo. Sin una confianza mínima es imposible creer en la verdad”.

Pero la pregunta, monseñor, es si la Iglesia tiene confianza en ambas partes.

“Y yo le estoy diciendo –sonrisa de por medio– es que la Iglesia no entrará en esa discusión”.

¿Se sintió tranquilo el gobierno con la posición de la Iglesia?

“Pregúntele al gobierno si está tranquilo. Yo tampoco voy a responder eso. Y creo que ya he respondido bastante”.

Según la Iglesia, ¿cuál sería el destino del país en caso de un cambio constitucional?

“Habría que ver el proyecto que presentan. Tal como está planteado, nadie sabe lo que va a traer la constituyente. Los consejos comunales pueden ser fórmula encubierta de una fórmula comunista”.

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